
Darwish. Miniatura persa, 1615
En la terminología sufí, qeybat es la ausencia respecto de
sí y de las criaturas y, hozur, la presencia de Dios. Algunos de los
maestros de la Senda han considerado la ausencia y la presencia como dos
moradas espirituales independientes entre sí; sin embargo, teniendo en cuenta
que la ausencia es el resultado de la presencia y que, mientras no surge la
presencia, no habrá ausencia alguna, no podemos considerarlas como dos moradas
independientes, pues una ausencia de uno mismo (qeybat) sin la presencia
de Dios (hozur) carece de todo sentido y valor, ya que son muchos
los enfermos mentales que están ausentes de sí y de la gente, pero no tienen
ninguna presencia de Dios.
En el sufismo existen dos diferentes
formas de la presencia: una, la presencia del aliento (hozur-e dam), y
la otra, la presencia del corazón (hozur-e del).
1. La presencia del aliento: El
presente del aliento es aquel que, en todos sus alientos, está con el recuerdo
del Amado, sin desviar su atención de Él. Tal presencia origina ausencia de la
gente.
La presencia del aliento depende de la
propia voluntad del sufí y del amor y cariño que siente por el Amado; es una
morada donde el que recuerda y el Recordado están separados el uno del otro. La
presencia del aliento pertenece al nivel del nafs o el “yo” y, sólo cuando el “yo dominante” (nafs-e ammārah) se convierte en el “yo
arrepentido” (nafs-e lawāmah)
y en el “yo purificado o serenado” (nafs-e motma`nah), surge la presencia del corazón; sin embargo, esta presencia no
es duradera: como un rayo de luz brilla repentinamente y en el acto se apaga.
2. La presencia del corazón: La
presencia del corazón es una morada surgida por la constancia en la presencia
del aliento; sin embargo, esta condición es necesaria pero no suficiente. Para
alcanzar la presencia del corazón es también necesario el favor y el auxilio de
Dios. Cuando, por la gracia de Dios, el espíritu es atraído con la fuerza del
amor o la atracción divina y el discípulo se mantiene firme en la presencia del
aliento, nace en él la presencia del
corazón, la cual conlleva la ausencia de sí mismo; pues, en esta morada, el que
recuerda y el Recordado se vuelven uno.
Esta presencia pertenece al nivel espiritual del corazón (del); es la
morada y la etapa que origina la continua presencia del corazón con el Amado,
una presencia que jamás será perturbada. En ella el sufí canta:
De tal manera, con Tu recuerdo, me perdí a mí mismo,
que le pregunto por mí a quien encuentro en el camino.
. Nafs: El ego, el alma inferior, el yo dominante. Uno de los
niveles del perfeccionamiento del alma humana de acuerdo con la psicología
sufí. Estos niveles son: tab’, la naturaleza genética; nafs, el
yo; del o qalb, el corazón; ruh, el espíritu; sér, el
secreto, la conciencia más intima; y sér-e sér, o jafi, el
arcano, el núcleo del ser. Para más véase la obra La psicología sufí,
del doctor Nurbakhsh. Editorial Nur, Madrid, 2003.