
Manifestación del nafs (el ego). Foto de una pintura al óleo de Alex Cowie
Hay
una tradición profética que dice: Quien se conoce a sí mismo, conoce a su
Señor. Una tradición que requiere una reflexión más profunda.
Para la palabra «Señor» (Rabb) se han considerado dos
significados: Uno es Dios y el otro, el amo, el gobernante; y, dependiendo del
que se adopte, la tradición posee una interpretación diferente.
Si traducimos «Señor» como el amo o el gobernante, su
interpretación, desde un ángulo psicológico, sería la siguiente:
Sabemos que la mayoría de los actos y comportamientos del
ser humano son fruto de su preconsciente y de su inconsciente. Es decir, en
general el ser humano está prisionero en las garras de su psiquismo. Tiene una
personalidad prefabricada que está fuertemente influida por la educación
familiar y social, por el trato recibido de sus padres y por las condiciones y
el entorno de su periodo infantil. De ahí que, considerando esta definición, la
interpretación de esta tradición sería: «Quien se conoce a sí mismo, conocerá
los rasgos y las características de su personalidad psíquica y prefabricada que
le gobiernan».
En el segundo caso, cuando con el término «Señor» nos
referimos a Dios, la interpretación de la tradición es el conocimiento de Dios
a través del conocimiento de sí mismo. Una interpretación que debemos analizar
desde el punto de vista de los filósofos y de los gnósticos. La opinión de los
filósofos es que, siendo el ser humano un ser accidental o temporal (hades),
el conocimiento de lo temporal —es decir, el conocimiento que alcanza el ser
humano de sí mismo—, no da lugar al conocimiento de lo «Eterno» y que lo
temporal jamás puede lograr la gnosis de lo «Eterno».
Sin embargo, los sufíes, apoyándose en la gracia y el favor
de Dios y con la ayuda del amor, se esfuerzan en arrojar su vestidura de lo
accidental y en anonadarse en Él, lo Eterno, para encontrarle y conocerle a
través de Él mismo. Por eso, basándose en esta interpretación se ha dicho:
Quien se conoce a sí mismo en anonadamiento (fana), conoce a su Señor en
Subsistencia (baqa).
En otras palabras, si te anonadas en Él, encontrarás
el Subsistente eterno.
O bien, quien se conoce a sí mismo en el no-ser, conoce a su
Señor en el Ser.
La vía para experimentar el Ser es perder [la dualidad
del] «yo» y del «tú», y apartarse de en
medio.
Otras interpretaciones insisten en que quien se conoce a sí
mismo en la no-existencia, conoce a su Señor en la Existencia Absoluta.
Es decir, en la Senda de los sufíes, mientras la existencia
relativa del viajero no desaparece, éste no encontrará la Existencia Absoluta.
Y también se ha dicho que quien se conoce a sí mismo en la
pobreza, conoce a su Señor en la Riqueza.
Pues el viajero descubre la Riqueza de Dios sólo
cuando surge en él la pobreza espiritual y pierde su existencia.
Y, por último, quien se conoce a sí mismo como la nada,
conocerá a su Señor como el Todo.
Sin embargo, volverse nada es una tarea harto difícil
y, mientras quede cualquier signo de tu «yo», no podrás perderte en Él, el
Todo.