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Revista Sufí / Número 9 Versión para imprimir

 

Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor

Dr. Javad Nurbakhsh

Hay una tradición profética que dice: Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor

Manifestación del nafs (el ego). Foto de una pintura al óleo de Alex Cowie

Hay una tradición profética que dice: Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor. Una tradición que requiere una reflexión más profunda.

Para la palabra «Señor» (Rabb) se han considerado dos significados: Uno es Dios y el otro, el amo, el gobernante; y, dependiendo del que se adopte, la tradición posee una interpretación diferente.

Si traducimos «Señor» como el amo o el gobernante, su interpretación, desde un ángulo psicológico, sería la siguiente:

Sabemos que la mayoría de los actos y comportamientos del ser humano son fruto de su preconsciente y de su inconsciente. Es decir, en general el ser humano está prisionero en las garras de su psiquismo. Tiene una personalidad prefabricada que está fuertemente influida por la educación familiar y social, por el trato recibido de sus padres y por las condiciones y el entorno de su periodo infantil. De ahí que, considerando esta definición, la interpretación de esta tradición sería: «Quien se conoce a sí mismo, conocerá los rasgos y las características de su personalidad psíquica y prefabricada que le gobiernan».

En el segundo caso, cuando con el término «Señor» nos referimos a Dios, la interpretación de la tradición es el conocimiento de Dios a través del conocimiento de sí mismo. Una interpretación que debemos analizar desde el punto de vista de los filósofos y de los gnósticos. La opinión de los filósofos es que, siendo el ser humano un ser accidental o temporal (hades), el conocimiento de lo temporal —es decir, el conocimiento que alcanza el ser humano de sí mismo—, no da lugar al conocimiento de lo «Eterno» y que lo temporal jamás puede lograr la gnosis de lo «Eterno».

Sin embargo, los sufíes, apoyándose en la gracia y el favor de Dios y con la ayuda del amor, se esfuerzan en arrojar su vestidura de lo accidental y en anonadarse en Él, lo Eterno, para encontrarle y conocerle a través de Él mismo. Por eso, basándose en esta interpretación se ha dicho:

Quien se conoce a sí mismo en anonadamiento (fana), conoce a su Señor en Subsistencia (baqa).

En otras palabras, si te anonadas en Él, encontrarás el Subsistente eterno.

O bien, quien se conoce a sí mismo en el no-ser, conoce a su Señor en el Ser.

La vía para experimentar el Ser es perder [la dualidad del] «yo» y del «tú», y apartarse de en medio.

Otras interpretaciones insisten en que quien se conoce a sí mismo en la no-existencia, conoce a su Señor en la Existencia Absoluta.

Es decir, en la Senda de los sufíes, mientras la existencia relativa del viajero no desaparece, éste no encontrará la Existencia Absoluta.

Y también se ha dicho que quien se conoce a sí mismo en la pobreza, conoce a su Señor en la Riqueza.

Pues el viajero descubre la Riqueza de Dios sólo cuando surge en él la pobreza espiritual y pierde su existencia.

Y, por último, quien se conoce a sí mismo como la nada, conocerá a su Señor como el Todo.

Sin embargo, volverse nada es una tarea harto difícil y, mientras quede cualquier signo de tu «yo», no podrás perderte en Él, el Todo.

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