En el oriente
medio, antes de Islam, la tradición de la Ŷawān mardi o caballería
había educado personas a quienes se conocía como Ŷawān mardān
. La tradición de la caballería estaba fundada sobre los valores de la
generosidad (Morowat), la dedicación absoluta a los demás (Isār),
el sacrificio (Fadā Kāri), el auxiliar a los oprimidos y desamparados,
la compasión hacia las criaturas, el mantener la palabra dada y, finalmente,
la humildad; cualidades que, más tarde, en el sufismo se convirtieron
en las virtudes de los hombres perfectos.
Además de
estos nobles atributos, propios de un verdadero ser humano, los Ŷawān
mardān estaban comprometidos con un código ético (Ādāb)
y unas costumbres que representaban el propósito de la caballería.
Con la aparición
del Islam, estos hombres, manteniendo la tradición de la Ŷawān
mardi, lo aceptaron como su religión y, poco a poco, el sufismo fue fundado
sobre los pilares del Islam y la caballería y la ética de la Ŷawān
mardi constituyó la base de las prácticas y las costumbres de los sufíes
en sus centros o Janāqah.
Más tarde,
a medida que la filosofía de la Unidad del Ser (Wahdat-e-Woŷud) y
el Amor divino fueron expresados por los maestros de la senda y fueron
adquiriendo mayor profundidad y belleza, la tradición de la Ŷawān
mardi también encontró, poco a poco, una extraordinaria influencia y seguimiento
entre los sufíes; pues el espíritu del sufismo consistía en mirar en una
sola dirección (la de Dios) a través del la fuerza del amor y el cariño
y, su método, el cultivar el comportamiento ético del hombre, lo cual
se correspondía con la tradición de la caballería.
Es necesario
saber que el sufismo posee dos aspectos, uno interior y otro exterior,
su aspecto interior es el recorrido por la senda espiritual y atravesar
sus moradas hasta alcanzar el nivel de la subsistencia en Dios (Baqā)
y, el exterior, la práctica y el seguimiento de la tradición del Ŷawān
mardi que constituye el conjunto de las virtudes de los hombres perfectos.
Los sufíes,
que son los abanderados de la escuela del hombría de bien y la tradición
de la caballería en el mundo presente, no deben permitir que la civilización
actual destruya las cualidades nobles de la humanidad y que el hombre,
que, aparentemente, ha volado hasta los cielos, caiga hasta niveles más
bajos que las bestias.
En el mundo
material de hoy día, todo el esfuerzo de los sufíes debe consistir en
convertirse en ejemplos de los seres nobles, para así estimular y dirigir
el entusiasmo de otros hacia los más nobles atributos de la humanidad,
dones otorgados, exclusivamente, a los seres humanos.
Los sufíes
tienen la responsabilidad de demostrar a la gente el fruto y los signos
del paraíso espiritual que han encontrado en la senda del sufismo, para
que comprendan que, en comparación con el paraíso espiritual, su paraíso
material es insignificante y carece de valor alguno.
Foto: Caballero Zoroastriano custodiando el fuego sagrado