|
La Purificación y sus etapas
Existen cuatro etapas en la purificación:
| Tajliyah |
-
La depuración. |
| Taŷliyah |
-
El pulimento. |
| Tahliyah |
-
El embellecimiento. |
| Fanā |
-
El anonadamiento. |
En la primera etapa de la senda, tajliyah, el discípulo,
se desnuda de todas las malas cualidades y apetitos provenientes
de su egoísmo. En la segunda, taŷliyah, con
la ayuda de la invocación constante del nombre de Dios, el discípulo
pule el corazón y el alma de las ataduras del ego. En la tercera
etapa, tahliyah, el ser interior del discípulo
es adornado de Atributos divinos. En la cuarta, todo su
ser rebosa con los Atributos de Dios, hasta el punto
de que no queda signo alguno de su existencia relativa.
Esta etapa se llama el anonadamiento del alma
en Dios, fanā.
Tanto
he pensado en Ti,
que mi ser se ha cambiado por tu Ser,
te has acercado paso a paso hacia mí,
y poco a poco me he alejado de mí.
(poema sufí)
De esta manera, el caminante culmina la etapa intermedia
de la Gnosis interior, o (tariqat), mientras que la
primera etapa ha consistido en el cumplimiento de los preceptos religiosos (Shari'at).
Al alcanzar este estado, el discípulo se transforma
en un hombre perfecto, y llega al umbral de
la última etapa, la Realidad Absoluta, Haqiqat.
A este respecto el Profeta decía: "La Ley (Shari'at), son mis palabras; la senda (Tariqat),
mis actos; y la Realidad (Haqiqat), mi estado interior".
Esta última etapa se puede comparar a un aprendizaje
en la Universidad divina, la Taberna (jarābāt).
En este centro de estudios superiores no existen profesores.
El guía del discípulo es el Amigo absoluto, o el Amor absoluto.
De ahí en adelante, su maestro es el Amor Divino
(Eshq); su libro es el Amor ('eshq), su libro es el Amor, y todo su ser
es el Amor.
Hasta el umbral de esta escuela superior se podía definir
al hombre perfecto, pero, a partir de allí, ya no se le
puede definir, porque su definición no cabe en palabras.
Como dice Rumi:
Hasta
la orilla del Océano hay huellas,
más allá del Océano no queda rastro alguno.
De ahí en adelante, si le preguntan su nombre, responderá como Bāyazid: "Hace años que lo he perdido, cuanto más lo busco menos los encuentro"
Si le preguntan por su religión, como Rumi,
dirá:
"El creo de los enamorados es diferente de los demás credos, Dios es la fe y la religión de los enamorados".
Y si le preguntan por su estado, contestará como Bāyazid: "Bajo mi manto no hay nada sino Dios"
Y cuando hable, como dijo Hallāŷ, dirá: "Yo soy la Verdad".
Tales palabras aparentemente tan extrañas, nacen del hombre perfecto porque él, perdiéndose a sí mismo, se ha convertido en el símbolo y el lugar de la epifanía de los misterios divinos. De ahí que:
Cuanto ve, lo ve con los ojos de Dios;
cuanto oye, lo oye con el oído de Dios
y sus palabras son las palabras de Dios
|