Orfanatos en San Miguel de Allende (México)2018-11-22T10:15:29+00:00

CASA ESPERANZA

Obra social de la Fundación Nur – Centro Sufí Nematollahí

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La mirada

El janaqah (centro sufí) de San Miguel de Allende, y en especial la obra social que desempeña en esta hermosa ciudad mexicana, suponen el broche al legado del doctor Javad Nurbakhsh, anterior maestro de la Orden Nematollahi; un paso más en una larga y apasionante vida consagrada al amor, al servicio a los demás y a la difusión de los valores del sufismo amoroso persa.

Cercano a su fallecimiento, y a pesar de la severidad de la enfermedad que sufría, el proyecto de San Miguel se mantenía presente en su cabeza y en su corazón con una intensidad especial. Así pudimos comprobarlo en numerosas ocasiones aquellos que tuvimos la fortuna de compartir junto a él sus últimos días. Ya en el hospital, sometido a cuidados intensivos, quiso asegurarse de que llevásemos adelante esta labor sin demora, ofreciéndose a aportar una pequeña cantidad de dinero para empezar, antes de recaudar más fondos con las donaciones de los otros centros. A veces, incluso, parecía que alguna imagen o pensamiento le despertara y, buscándonos con la mirada, nos repetía: no os olvidéis de México. En todo momento nos demostró que era una empresa merecedora de toda la atención de su mirada, incluso en tan extremas circunstancias.

Con este pequeño artículo queremos rendir homenaje a la memoria del maestro Nurbakhsh, y a todos los compañeros y compañeras que, con su esfuerzo y dedicación, contribuyen a mantener viva y a desarrollar la obra que así comenzó.

Casa Esperanza

San Miguel de Allende, ciudad del estado de Guanajuato, vio reconocida en 2008 la singularidad de su patrimonio arquitectónico con la inscripción por la Unesco en el catálogo de Patrimonio Cultural de la Humanidad. Cercana a la capital federal, de clima templado y ricas aguas termales, es un placentero destino turístico y hogar para una activa comunidad de residentes extranjeros, sin por ello permanecer al margen de las circunstancias socioeconómicas propias del estado norteamericano, con todos sus extremos y contradicciones.

Es en este contexto donde surge la posibilidad de vincular la creación del janaqah de San Miguel con algún tipo de labor social al servicio de los más necesitados, de acuerdo con los fundamentos de nuestra Orden. Las primeras ideas apuntaban a la posibilidad de destinar parte del propio edificio del centro a crear un punto de asistencia médica pediátrica, o bien encontrar un emplazamiento propicio para abrir una residencia de cuidados a la tercera edad.

Con tal fin, fuimos estableciendo contactos con todas las instituciones, organismos y agentes locales involucrados en acciones caritativas y de mejora de las condiciones sociales, en un intento por aunar esfuerzos hacia un objetivo común, y mostrando siempre la plena voluntad integradora de nuestro centro en la vida comunitaria sanmiguelense.

Es entonces cuando, por parte del Ayuntamiento de la ciudad, se nos propone desarrollar el proyecto Casa Esperanza, una iniciativa promovida por el consistorio local y el Servicio Municipal de Desarrollo Integral de la Familia (DIF), como organismo público encargado de las políticas públicas en el ámbito de la asistencia social.

Casa Esperanza parte como un centro de acogida diurno para niñas, niños y adolescentes en lo que técnicamente se denomina en “situación de calle”; esto es, población infantil y juvenil que busca su subsistencia y la de sus familias por las calles de la ciudad, al margen de la escuela y de la protección del hogar. Se trata de un colectivo privado de toda atención educacional, víctima de un estado de exclusión y riesgo social producido por situaciones de pobreza y desintegración familiar, con frecuentes episodios de violencia física y sexual y enormes carencias higiénicas y nutricionales que afectan directamente a su salud.

Frente a esta dramática realidad, Casa Esperanza quiere constituir una propuesta alternativa, donde se desarrollen acciones de mejora y promoción social en tres vías complementarias: proporcionar formación académica y ocupacional de niños y jóvenes, fortalecer su adecuada alimentación y condición física, y fomentar la reconstrucción familiar integrando a los padres en las actividades.

El instrumento principal de trabajo son los talleres, que se celebran de lunes a sábado, en diversos horarios entre las ocho de la mañana y las cinco de la tarde, con una enorme variedad de temas, según los objetivos propuestos: clases de inglés, de arte, de lectura, de informática; charlas para padres o adolescentes; sesiones de deportes, juegos, yoga o estimulación física; talleres de tejido y costura para madres…

No se trata, desde luego, de una tarea fácil. Los acogidos a Casa Esperanza acuden con múltiples carencias físicas, psicológicas, materiales y formativas, y lo hacen en un número desbordante, con presencia de edades muy dispares y todo tipo de necesidades. Así lo ejemplifica el colectivo de casi 20 niñas adolescentes víctimas de violaciones y malos tratos sistemáticos, la gran mayoría bien embarazadas, bien ya convertidas en madres que llegan con sus bebés a la Casa en busca de refugio y asistencia. Hechos cotidianos que perpetúan nuevas situaciones futuras de violencia, pobreza y exclusión social, en un círculo vicioso que proyectos como Casa Esperanza intentan romper, a pesar de las muchas dificultades y los escasos recursos para conseguirlo.

El servicio

Así, a finales de 2011, y tras numerosos contactos y deliberaciones, llegamos a la firma del convenio de colaboración entre el Ayuntamiento y DIF de San Miguel y la Fundación Nur. En principio, nuestra aportación consistiría principalmente en cubrir la renta y los gastos de mantenimiento de un edificio considerablemente más grande que la casa con la que contaba el DIF municipal. La primera consecuencia fue multiplicar por cinco el número de talleres y programas en marcha, pasando de atender a 30 niños y jóvenes a casi 140, además de a numerosos padres que comenzaron ahora participar en las actividades. Ante el aumento creciente de la demanda, compañeros del janaqah de San Miguel comenzaron a actuar como voluntarios para apoyar al personal docente y administrativo designado por el DIF, tanto en labores de gestión como en la propia impartición de talleres y charlas.

De esta forma, y gracias al entusiasta esfuerzo del voluntariado (tanto del vinculado a la Orden Nematollahi como del ajeno a ella) y de la Fundación Nur, el proyecto inicial de Casa Esperanza ha experimentado una feliz expansión en todos sus frentes. Son proyectos y aportaciones que, al mismo tiempo que intentan dar respuesta a las necesidades del colectivo de acogida, abren nuevas posibilidades y líneas de actuación. Así, por ejemplo, el taller de tejido, que nació como una forma de implicar a mujeres adultas con las madres más jóvenes y enseñarles a hacer ropas para sus bebés, se ha convertido en una posible fuente de ingresos para estas madres y sus familias, mediante el bordado a mano de toallas y servilletas para ser vendidas en Canadá y Estados Unidos. Al mismo tiempo, asociaciones humanitarias de estos países colaborarían con aportaciones económicas para la compra de la materia prima, contribuyendo al tiempo a la causa de Casa Esperanza. Se trata de conseguir no sólo las donaciones necesarias para cubrir la renta y el mantenimiento de la casa, sino fuentes propias de financiación, generadas a partir del trabajo conjunto de acogidos y voluntarios, para crear nuevos talleres, nuevos servicios y nuevas formas de ayuda a los niños y a las familias necesitadas.

En este sentido, y como parte esencial de su labor caritativa y solidaria, la Fundación Nur dedica buena parte de sus esfuerzos a dotar al centro con los recursos necesarios para el progreso del proyecto: es el caso de la compra de ordenadores para las clases de informática para niños, pintura para las de arte, o comida para los cada vez más numerosos desayunos que se dan en el centro. El propio éxito de Casa Esperanza significa mayores retos de financiación, en un entorno de posibilidades siempre limitados. Un desafío continuo para los compañeros voluntarios, entre la alegría por la respuesta confiada de aquellos que se benefician de este servicio, y el inevitable deseo de aliviar de la mejor forma posible la situación de miseria y privacidad en la que se hallan.

El futuro

Tras estos tres años de reveladoras experiencias, desde las primeras colaboraciones con orfanatos hasta el presente desarrollo de Casa Esperanza, la Fundación Nur contempla el futuro de su acción social en San Miguel de Allende con la máxima ilusión; conscientes de las dificultades a superar, pero también desde la convicción que otorga el aprendizaje alcanzado y el entusiasmo con el que se ejerce esta labor, firmemente anclada en los principios esenciales de la Orden.

Para nosotros, es absolutamente evidente que el proyecto actual en colaboración con las autoridades locales sirve como un primer paso para una acción integral que supere las limitaciones propias de un centro de día como es Casa Esperanza. En nuestro ánimo está desarrollar todas las posibilidades del camino que hemos tomado, mediante la creación de una escuela lo suficientemente amplia para acoger al mayor número de niños necesitados, y obtener los recursos suficientes para dotarla con las facilidades imprescindibles; abrir un centro médico pediátrico adjunto, y añadir finalmente dormitorios y alojamiento completo para aquellos alumnos más expuestos al abandono y a la supervivencia en las calles.

Un sueño, sin duda, tan enraizado en nuestro ánimo como desafiante en su exigencia. En ese esfuerzo nos animan por igual la respuesta de aquellos a los que servimos en su necesidad y el entusiasmo de quienes dedican su tiempo y su ilusión a este servicio. Unos y otros encuentran mutua recompensa; de ahí nace la belleza íntima de nuestro proyecto. Y, en el origen de todo, como la fuente oculta que alimenta un río joven, queda la presencia de una mirada. Es el mirar íntimo y atento de un hombre en el instante en el que sus días se apagan, dando luz y aliento pese a su extrema debilidad, como siempre hiciera. Y sentimos que quizá es toda esa obra por venir la que el maestro Nurbakhsh veía cuando, en la cama de un hospital, rodeado por quienes tanto le amamos, abría de pronto los ojos, recobraba un aliento, y nos decía: no lo olvidéis. Hacedlo.

A ese recuerdo nos aferramos para, con ayuda de todos, hacer el sueño realidad.

Nuestra labor es completamente altruista e independiente; por ello mismo, aceptamos con profundo agradecimiento cualquier propuesta de colaboración, ayuda o donación por parte de particulares o colectivos interesados en contribuir a este proyecto de forma desinteresada. Si ese es su deseo, por favor contacte con nosotros utilizando los medios de contacto que se indican a la izquierda de este artículo.

Quisiéramos expresar nuestro más afectuoso agradecimiento a todas las autoridades y representantes públicos de la República Méxicana, del Estado de Guanajuato y del Ayuntamiento de San Miguel de Allende por su atención y su apoyo a la Fundación Nur durante este tiempo. En especial, a Doña Luz María Núñez, Presidenta Municipal; y a Don Javier Zavala Zavala, Director del DIF de San Miguel, y a la Lic. Irma L. Rosado Soto Directora de Vinculación con ONGS de este municipio. Sirva este artículo como expresión de nuestra gratitud, en nombre de todos los acogidos al proyecto Casa Esperanza.

Para todos aquellos que deseen información más detallada de las actividades de la Fundación Nur en Casa Esperanza y San Miguel de Allende, les invitamos a asomarse a la página que nuestros compañeros han abierto en Facebook Fundation Nur Mexico