La pobreza espiritual en el sufismo
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Introducción
"Los cimientos de la Mansión de la Unidad Divina
son la pobreza espiritual y la no existencia"
(Magrebí)
Todas las Tradiciones espirituales
han considerado la pobreza espiritual como la disposición
básica que hace posible el encuentro con el Uno. El sufí
se llama a si mismo faqir, el pobre, el que carece de todo, hasta
de su propio 'yo' y darwish, el mendigo, el que pide limosna de
puerta en puerta, para ser colmado de la riqueza de Dios.
El Dr. Nurbakhsh, Maestro
de la Orden Nematollahi, sintetiza en este libro lo más
bello de la tradición sufí sobre las actitudes que
llevan a la pobreza espiritual y sus consecuencias, analizando
los distintos estados místicos (hal) y moradas espirituales
(maquam) que el viajero va recorriendo a lo largo de la
senda. De ellos nos dice Rumi:
"El estado mistico es como vislumbrar a la bella amada,
la morada, como estar en su presencia"
Cuando se vislumbra
la presencia, el tiempo se detiene para el viajero, conviniéndose
en un eterno presente. El sufí sabe que tener dependencia
o vivir en el pasado es malgastar el momento presente e igualmente
que es una pérdida de presente el pensar en el futuro;
por ello se convierte en hijo del momento presente (waqt).
Entonces cada aliento (nafas) se vuelve consciencia de
la presencia del Amado.
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